Desde el inicio de la humanidad siempre surgieron incógnitas sobre cosas fascinantes que rodean nuestra existencia, una de esas fue la necesidad de medir el tiempo. Hoy en día no sabemos lo que realmente representa cada lapso de tiempo en nuestras vidas, nunca se sabe la importancia que tiene el tiempo hasta que participas en una carrera y pierdes por una centésima de segundo, o cuándo estás jugando un partido de fútbol y reponen tan solo un minuto, cuando estás en tu trabajo y sabes que solo te queda una hora para salir, cuando estás esperando un hijo y tan solo falta una semana para que nazca. De este modo el tiempo es relativo pero igualmente importante para todas las personas, medirlo es crucial para las actividades individuales como colectivas.
Los antiguos mayas a través de las matemáticas, física y astronomía se guiaron para ir armando las piezas del rompecabezas que tendría como resultante la medición exacta del tiempo desde el lapso más corto hasta el lapso más largo, creando así el calendario más preciso que existía en ese entonces basado en las herramientas que habían en esa época.

Pero la necesidad de medir el tiempo en lapsos cortos y precisos se hizo cada vez más necesaria en el mundo moderno. En los años 1800’s nace un concepto llamado cronógrafo, que su significado literal es que escribe el tiempo, el primero que se inventaron fue el cronógrafo de Louis Moinet en 1816 que comenzó como instrumento de observación astronómica, terminó siendo el aparato más completo para medir el tiempo por sus mecanismos de avanzada en donde tenía 3 contadores para segundos, minutos y horas.

El funcionamiento del cronógrafo es básicamente un mecanismo que empieza a contar desde cero al pulsarse el mismo botón que lo detiene, sin embargo, se pueden medir distintos intervalos de tiempo que varíen con el mismo inicio y con distinto final, además se puede reiniciar su función para empezar de nuevo.
A medida que pasa el tiempo los seres humanos tenemos la tendencia a perfeccionar todas nuestras invenciones al punto de que los mecanismos sean exponencialmente más avanzados, esto generó una evolución en el sistema de cronógrafos y ahora existen varios tipos.
Cronógrafo convencional:
Es aquel que puede contar minutos y segundos o segundos, minutos y horas el cual puede ser activado mediante dos botones, uno de estos es que el inicia y detiene el mecanismo y el otro es el que lo reinicia.

Cronógrafo monopulsante:
El mecanismo es el mismo pero se realiza con solo un botón.

Cronógrafo flyback:
Consiste en devolver a cero el cronógrafo, estando este en marcha y comenzando una nueva cuenta instantáneamente desde cero. Se usa generalmente para corregir el inicio de una cuenta en caso de error.

Cronógrafo foudroyante:
Conocido comúnmente como segundero fulminante. En la esfera se presenta un dial subsidiario en la que por cada segundo transcurrido la aguja realiza los saltos correspondientes a la frecuencia del movimiento lo que hace que sea más fácil medir las fracciones de segundo.

Cronógrafo Rattrapante:
Es el rey de los relojes con cronógrafo debido a su doble funcionalidad, este cronógrafo es capaz de tener dos agujas con movimiento independiente. Cuando activamos el cronógrafo ambas agujas se mueven de manera simultánea, al activar el pulsador de la rattrapante esta se detiene en tanto que la de segundos sigue su curso, una vez realizada la lectura se activa de nuevo el pulsador y la rattrapante realiza un salto instantáneo para alcanzar a la aguja de los segundos.

Todos estos mecanismos que son tan sofisticados, son tan solo una muestra de lo que nuestro intelecto y nuestra necesidad de avanzar pueden lograr, el tiempo es uno de los tesoros más valiosos que tenemos como individuos. Si a veces subestimas el valor de un segundo, pregúntale a un fotógrafo, un cocinero o un deportista todo lo que un solo segundo puede significar. Asegúrate de que estás haciendo lo correcto con tu tiempo, no lo malgastes.