El diamante nace en las profundidades de la corteza terrestre, cuya resistencia y fortaleza es notablemente mayor a cualquier material existente en la tierra, pero no por esto se debe descuidar. Aunque el diamante es el material más resistente, estos también pueden perder su brillo rayarse o mancharse, por eso deben mantenerse alejados de sustancias agresivas, debe recordar quitárselo cuando realice actividades como: trabajar en el jardín, lavar la loza, hacer ejercicios intensos, etc.

Existen sustancias que con el tiempo se acumulan en el diamante apocando su belleza. Los diamantes están expuestos a la suciedad, al polvo, a la transpiración, perfumes, al maquillaje y a los aceites naturales de la piel, también están expuestos a los químicos del hogar como el cloro, el fijador para el cabello etc. Todas estas sustancias pueden afectarlo con el tiempo, por lo que se recomienda solo ponerse las joyas cuando ya se haya terminado de arreglar y esté lista para salir.

La forma más común de dañar un diamante, es a la hora guardarlo, debido a su dureza puede rayar otros diamantes y otras piedras preciosas, por lo tanto se deben guardar con cautela y metidos en bolsas de tela suave individuales cuando no se lleven puestas. Antes de usar se debe limpiar con un paño seco, como el de limpiar los lentes.

Se recomienda llevar el diamante una vez cada seis meses a limpieza e inspección profesional o si sufre algún golpe o caída contra una superficie dura. Estas inspecciones ayudan a prevenir la pérdida de su diamante en solitario en caso de que la montura haya sufrido algún daño inadvertido.
La joyería Arneva proporciona ese servicio.
